21 julio, 2024

EL GRITO DE LIBERTAD DE MARK CHAGALL

Hombre-gallo sobre Vítebsk, de Marc Chagall (1925). ©Marc Chagall / VEGAP, Madrid, 2024 ©Archives Marc et Ida Chagall, Paris

Fundación MAPFRE (Sala Recoletos, Madrid) acoge hasta el 5 de mayo ‘Chagall. Un grito de libertad’, una exposición dedicada a la vida y obra del pintor de origen ruso, un soñador en tiempos convulsos. La muestra reúne unas 160 obras y más de 90 documentos, en un recorrido cronológico y temático

Alayans Studio para Fundación MAPFRE – Texto: Pilar Sanz

Commedia dell’arte, 1959. © Marc Chagall / VEGAP, Madrid, 2024

La obra de Marc Chagall (1887-1985) no solo refleja su trayectoria vital sino también los importantes acontecimientos históricos de los que fue testigo: la Rusia de finales del siglo XIX y principios del XX, las dos guerras mundiales, el exilio del pueblo judío (y el suyo propio, a Estados Unidos), la posguerra y sus últimos años de tranquilidad en la Costa Azul de Francia. En su periplo por diferentes países tuvo contacto directo con las vanguardias rusas, la bohemia francesa o el arte americano.

Todas estas experiencias, sumadas a su gran personalidad y a su capacidad para renovar su lenguaje, dieron lugar a una pintura única y muy reconocible. Sus escenas son el reflejo de un tiempo convulso, algo que conecta con el momento actual, así como de su compromiso sociopolítico de carácter humanista y de la espiritualidad con la que se aferró a la esperanza.

Estudio para La caída del ángel, de Marc Chagall (1934). © Marc Chagall / VEGAP, Madrid, 2024 © Archives Marc et Ida Chagall, Paris

La exposición, organizada en orden cronológico, se inicia con los primeros años de Marc Chagall, en realidad llamado Moshe Segal, el mayor de una familia de nueve hermanos educados en la religión judía. Nació en Vítebsk (en la actual Bielorrusia) en 1887, un lugar que siempre tuvo presente, a pesar de vivir en otros países durante muchos años de su vida, y por el que sentía amor y nostalgia.

Estudió dibujo y pintura en su ciudad natal y en San Petersburgo, para después marcharse a París a continuar su crecimiento como artista. Su primera gran exposición individual con 240 obras se celebró en 1914 en Berlín, en la galería Der Sturm, a cuyo fundador (Herwarth Walden) había conocido por medio del poeta Guillaume Apollinaire.

Autorretrato (1907), de Marc Chagall. © Marc Chagall / VEGAP, Madrid, 2024 © Centre Pompidou, MNAM-CCI, Dist. RMN-Grand Palais / Philippe Migeat

Sus planes se truncaron con el estallido de la I Guerra Mundial, que le sorprendió en Rusia y le obligó a quedarse allí 8 años. Mientras, dirigió la Escuela Popular de Arte de Vítebsk, se relacionó con artistas de vanguardia como El Lissitzky o Malévich y decoró el Teatro Nacional Judío de Cámara de Moscú. En 1922 volvió a marcharse a Berlín y después se instaló en Francia.

Con el ascenso nazi y la extensión del antisemitismo a Francia durante la ocupación, y como otros judíos que tuvieron la posibilidad de huir, Marc Chagall se exilió a Estados Unidos hasta 1948. Finalmente regresó a Francia, donde vivió sus últimos años y donde se encuentra el Musée National Marc Chagall, inaugurado en Niza en 1973.

Imaginario de un artista judío y exiliado

La cultura de su pueblo
La comunidad judía de la que formaba parte Marc Chagall, con la que mantuvo una estrecha relación durante toda su vida, aparece representada en muchas de sus obras, ya sea de fondo o con personajes protagonistas como músicos (en Le Violoniste vert [El violinista verde], 1923-1924) y rabinos (como Rabbin en noir et blanc / Juif en prière [Rabino de blanco y negro / Judío rezando], de 1923).

También recoge elementos de la vida tradicional rusa: religiosos y músicos itinerantes, pero también barberos o tratantes de ganado (Le Marchand de bestiaux [El vendedor de ganado], c. 1922-1923). Su estilo estuvo influido por las ilustraciones tradicionales rusas (lubok) y la imaginería popular. Retrató a su familia, a su esposa Bella y a sí mismo, su tierra natal… siempre con un poso de desarraigo aunque sin renunciar a la esperanza.

El vendedor de ganado (c. 1922-1923).
© Marc Chagall / VEGAP, Madrid, 2024 © Centre Pompidou, MNAM-CCI, Dist. RMN-Grand Palais / Philippe Migeat

Espiritualidad
​La religión está directamente presente en obras como Résurrection [Resurrección], 1937-1948 o Les Pâques [Pascua], 1968. De hecho, el calvario de Cristo y la crucifixión fueron algunos de sus motivos recurrentes y obsesivos, pues simbolizan el sufrimiento del pueblo judío y su persecución. Por primera vez en 1912, Chagall pintó un calvario con solo un talit (paño de oración) sobre las caderas y sin la corona con las que se suele representar en las crucifixiones cristianas. Volvería a este símbolo una y otra vez, especialmente después de ‘la noche de los cristales rotos’ (1938).

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​’El violinista verde’, 1923-1924, de Marc Chagall. © Marc Chagall / VEGAP, Madrid, 2024 © 2024 The Solomon R. Guggenheim Foundation / Art Resource, NY / Scala, Florence

Ensoñación y evasión
​Otra de sus figuras más reconocibles son los ángeles y otros personajes (o animales, algunos de ellos alter ego del pintor) que flotan suspendidos en el aire. Estos elementos simbolizan su condición nómada y se han identificado con la palabra yidis Luftmensch, en referencia a un individuo soñador, alguien con la cabeza en las nubes y desprovisto de raíces (por ejemplo, en Homme-coq au-dessus de Vitebsk [Hombre-gallo sobre Vítebsk], 1925).


La simbología de sus cuadros, esas escenas de ensoñaciones con elementos mágicos tan características de su obra, le sirvieron para evadirse de la cruda realidad que marcó su vida. Su pintura es un diálogo entre lo real y lo imaginario que refleja sus inquietudes.

Autorretratos

Este género ocupa un lugar relevante en la producción del pintor ruso. En la exposición de Fundación MAPFRE se puede contemplar el primer autorretrato de Chagall del que se tiene constancia, de 1907. Solía representarse con aspecto joven y pintando, frente al caballete o con la paleta, con una mirada penetrante que interpela directamente al espectador. En algunos de sus lienzos, su autorretrato aparece escondido entre otras figuras. Muy a menudo se plasmó como un ángel (de nuevo, los seres volantes) o como un animal (gallo, asno, cabra o macho cabrío).

Guerra y paz

Su pintura fue el testimonio del antisemitismo que creció en Europa desde la llegada de Hitler al poder en 1933. También reflejó la tensión y la barbarie de las dos guerras mundiales, con la esperanza de que no se repitiera. En su última etapa, quiso transmitir un mensaje de paz.

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