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DOS AÑOS DE PROMESAS DE CAMBIO

*A dos años de las promesas de cambio

*Que aún esperan por su realización
*Frente a las profundas convulsiones
*Que arrojan crisis de difícil solución

Luis Alberto Rodríguez

Tras de que la magistrada JANINE OTÁLORA MELASIS, por entonces presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, declarara ese 1 de julio de 2018 válida la elección, de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y presidente electo a ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR al obtener 30 millones 110 mil 320 votos de los poco más de 56 millones de personas que acudieron a las urnas, muchas aguas procelosas han pasado bajo ese novedoso puente que muchos mexicanos pensaron nos llevaría a una idílica CUARTA TRANSFORMACIÓN que a dos años de distancia no termina aún por definirse y menos por concretarse.

En la práctica se trata de dos años de gobierno, pues aunque el entonces presidente electo tomaría protesta como constitucional hasta el 1 de diciembre de ese mismo año -por un periodo de seis años que termina en 2024- fue claro que de inmediato “tomó las riendas” de gran parte del saliente gobierno del priista ENRIQUE PEÑA NIETO, al grado que su equipo fue protagonista de las negociaciones que llevaron a la firma del renovado Tratado de Libre Comercio de América del Norte, hoy llamado T-MEC, que por cierto entra en vigor a partir de este 1 de julio de 2020.

Han sido dos años atosigados por severas crisis de las que durante el primero del mandato de LÓPEZ OBRADOR llevaron a la vertiginosa caída del crecimiento económico del país a índices negativos, a pesar de que la promesa de la Cuarta Transformación era mantenerlo en un ahora impensable cuatro por ciento anual que se antoja inalcanzable.

A ello se suman las nefastas consecuencias de la actual crisis sanitaria ocasionada por la pandemia del CORONAVIRUS agravada por la consecuente pérdida de, se calcula, más de dos millones de empleos formales -más los sin número de informales- y la incorporación, también se estima, de más de diez millones de mexicanos a los niveles de pobreza, además de una crisis de seguridad que tiene brotes violentos y sangrientos cotidianamente en todo el territorio del país, agravada con la presencia creciente de grupos delictivos y organizados como el del llamado Cartel Jalisco Nueva Generación, que la semana pasada tuvo la osadía de perpetrar, en plena capital del país,  el atentado contra el secretario de seguridad de la Ciudad de México, OMAR GARCÍA HARFUSH, del que salió con vida, se dice, “de milagro”.

Algunos números recientes ilustran los efectos de estas crisis, como revelan los hechos de que 2400 asesinatos diarios se registraron tan sólo en junio de 2020; el Banco de México calcula una caída en la economía de 9 por ciento este año; En 2019 se dejaron de crear 318 mil empleos formales conforme a 2018; En conjunto entre 2019 y 2020 se dejaron de crear 1 millón 499 mil empleos formales y la población ocupada disminuyó más de 10 millones de personas; la Inversión fija cayó 526.2 millones de pesos del 4to trimestre de 2018 al 1er trimestre de 2020.

Son signos ominosos que a dos años de distancia obligarían a la presente administración federal -y al país en general- a replantear un proyecto de nación incluyente, en el tuvieran cabida todas las voces de instituciones, sectores y organizaciones de la sociedad mexicana que conjuraran los peligros de un agravamiento de las crisis.

Al cierre de esta columna, aún no se emitía el informe del Presidente LÓPEZ OBRADOR conmemorativo de ese segundo año de su triunfo en las urnas, que por cierto distó mucho del realizado hace un año con el zócalo de la ciudad de México, abarrotado por sus seguidores y que para este año se realizó, prácticamente a puerta cerrada en Palacio Nacional y tan sólo frente a los miembros de su gabinete -y las cámaras de televisión of caurse– y cuyos contenidos nos merecerán comentarios posteriores, pero por ahora, conviene recordar algunas de las expresiones del mandatario, justamente al día siguiente de ese triunfo electoral del candidato de la coalición Juntos Haremos Historia con 53.20 por ciento de los votos, 31 puntos arriba del segundo lugar, RICARDO ANAYA CORTÉS:

La noche del 2 de julio de 2018, ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR en el Zócalo de la Ciudad de México ante miles de simpatizantes, dijo que cumplirá todos los compromisos que hizo durante su campaña y que:

“No les voy a fallar, no se van a decepcionar. Soy muy consciente de mi responsabilidad y no quiero pasar a la historia como un mal presidente”.

“Vamos nosotros a actuar de forma respetuosa y la transición va a ser de forma ordenada para que se mantenga la estabilidad económica y financiera para que no haya sobresaltos y de esta manera sacar adelante a nuestro país”.

Llamo entonces a todos los mexicanos a la reconciliación y a poner por encima de los intereses personales, por legítimos que sean, el interés superior, el interés general, como afirmó en su momento Vicente Guerrero, la patria es primero.

Dijo que erradicar la corrupción y la impunidad será la principal misión de su nuevo gobierno.

“Sobre aviso no hay engaño, sea quien sea será castigado, incluyo a compañeros de lucha, a funcionarios, a los amigos y a los familiares. Un buen juez por la casa empieza”.

Palabras memorables que ya la historia reclamará al mandatario cumplir, so pena de al término de su mandato se le reclamara haber caído en las tentaciones de una concepción excluyente, univoca, de corte totalitario, que como hasta ahora parece intentar centrar las posibles soluciones en la voluntad y la figura de un solo hombre.

La revisión de los contenidos del informe ayer externado a dos años de su triunfo electoral seguramente dará luces para visualizar una realidad más promisoria para nuestro país. Esperamos.

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