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EL 48% DE LOS CATÓLICOS ESTÁ EN AMÉRICA LATINA: PCAL

“La población indígena no vio la caída de la gran Tenochtitlán simplemente como una derrota militar, sino que la vio como una especie de catástrofe cosmológica total”. Y añadía: “Un ciclo cósmico se estaba cerrando”, explicó el profesor Rodrigo Guerra López.

«Indígenas y españoles comienzan a arrodillarse delante de la imagen de la misma madre. Y de esa manera, reconociendo una madre común, inicia un proceso sociológicamente identificable, que es el proceso de mestizaje»

“En la actualidad, el 48% de la población de la Iglesia católica está en América Latina”

«Ya decía el cardenal Ratzinger que no se pueden utilizar los medios de comunicación para cuestionar el magisterio ordinario, porque no es a golpes de presión mediática como se ayuda al Santo Padre en su ministerio magisterial”

Madrid, España.- La universidad San Dámaso de la archidiócesis de Madrid celebró la fiesta de Santo Tomás de Aquino con un acto académico, presidido por el cardenal Cobo, en el que intervino como ponente-invitado el doctor Rodrigo Guerra López, secretario general de la Pontificia comisión para América Latina, con la conferencia ‘Una Iglesia en movimiento: la evangelización en América Latina en tiempos de cambio de época’.

El ponente dejó de lado la conferencia escrita de 19 folios y pronunció, sin papeles, una vibrante ponencia (“vamos a platicar sabroso”) sobre la historia de la evangelización en Latinoamérica. Comenzando por el choque cultural y la “desolación” producida en México tras la conquista española. Y, para describirla, recitó de memoria un largo poema indígena de lamento, en el que una de sus estrofas decía: “Los escudos no detienen la desolación”, porque los indígenas, además de la derrota militar, hicieron una profunda experiencia de la soledad, que es “el temor de los temores”.

Cardenal Cobo

Cardenal Cobo

“La población indígena no vio la caída de la gran Tenochtitlán simplemente como una derrota militar, sino que la vio como una especie de catástrofe cosmológica total”, explicó el profesor. Y añadía: “Un ciclo cósmico se estaba cerrando”.

Más aún, cuando “las enfermedades que llegaron de Europa, arrasaron a la población indígena y prácticamente los diez años siguientes, de 1521 a 1531, los que no habían muerto en el conflicto, empezaron a morir por una serie de epidemias que asolaron a la población indígena. El sistema inmunológico de los indígenas no estaba preparado para resistir a una gran cantidad de cosas que llegaron de Europa. Entonces la depresión era muy profunda”.

Por eso, según el profesor Guerra, los indígenas acuden a los nuevos templos a rezar, porque allí siguen rezando a sus dioses y “las conversiones muchas veces son falsas”. Por su parte, la evangelización española “hace lo que puede con lo que tiene”. Y, “cuando todo apuntaba a un gran fracaso”, a un indígena marginal, recién convertido, se le aparece la Virgen de Guadalupe.

“A partir de ese momento, una nueva lógica se introduce en la historia, no solamente de México, sino de toda América. No es la lógica prehispánica. No es la lógica tampoco de la corona española. Sino es una nueva lógica que corrige a ambos mundos en sí. Y es una nueva lógica simultánea. Indígenas y españoles comienzan a arrodillarse delante de la imagen de la misma madre. Y de esa manera, reconociendo una madre común, inicia un proceso sociológicamente identificable, que es el proceso de mestizaje. Y el nacimiento de un nuevo pueblo. Que ya no es ni puramente indígena, ni puramente español. Una síntesis original, una síntesis original mestiza, que dará lugar a un proyecto cultural”.

San Dámaso

San Dámaso

Según Guerra, “este antecedente está siempre vibrando en el subsuelo religioso y cultural de América Latina” y es que “el Evangelio llega a América a través de María”. Es lo que los obispos sudamericanos han llamado “el sustrato cultural católico latinoamericano”, que fue “abonando los distintos momentos de la historia de América Latina.

Un sustrato que permanece vivo todavía hoy, porque “la iglesia latinoamericana se vive, se piensa y camina como un solo pueblo”.

El ponente pasó de esos primeros momentos de la historia cristiana de América, a la época moderna, cuando Pío XII reconoce que “muy pronto la mitad de la Iglesia católica mundial va a estar en América Latina”. Y así fue: “En la actualidad, el 48% de la población de la Iglesia católica está en América Latina”.

Previendo eso, Pío XII creó el Consejo episcopal latinoamericano (Celam), la Conferencia latinoamericana de Religiosos (Clar) y la Pontificia comisión para América Latina (Pcal). “Tres instituciones para atender y entender la realidad latinoamericana de manera especial”.

Y con Pío XII nace también la primera Conferencia general del episcopado latinoamericano en Río de Janeiro, la forma de que los obispos latinoamericanos viviesen de “manera estable, no intermitente, la colegialidad episcopal”.

Rodrigo Guerra reconoce que el episcopado latinoamericano guardó silencio durante el Concilio. “En todos esos años del concilio empieza a brotar con cada vez con más fuerza la conciencia de que la Iglesia tiene que responder a un nuevo desafío, con nuevos métodos, con nuevas formas, con un nuevo ímpetu misionero, como nunca antes se había dado”.

Rodrigo Guerra

Rodrigo Guerra

Y en la segunda conferencia de Medellín se hace el intento de asimilar las enseñanzas conciliares, con la presencia física del propio Pablo VI, y va fraguando la opción por los pobres y por las luchas de la justicia, no promovida por la infiltración comunista, sino por la propia Iglesia y por el propio Papa, que dijo: “Los pobres son auténtico sacramento de Jesucristo”. Es la irrupción de los pobres como “evangelizadores de la propia Iglesia” y de las diversas teologías de la liberación.

De Medellín a Puebla, con la visita de Juan Pablo II, donde descubren que “para vivir radicalmente la opción por los pobres no es necesario ser marxista, sino que basta con ser cristiano”. Y, además, surgen dos temas claves: comunión y participación. Y, por eso, Puebla “regaló una gramática a la Iglesia de América Latina”, que “se hizo mentalidad, se hizo estilo, se hizo forma de ser Iglesia”.

Guerra aligeró su panorámica, asegurando que del año 79 al 92 “fueron años muy difíciles, muy complicados”, con críticas muy ideológicas a la teología de la liberación: “Eran críticas ideológicas, críticas hechas desde otra ideología a lo mejor igual o a lo mejor hasta más nociva que el propio marxismo; es decir, era simplemente anticomunismo que vitoreaba los señalamientos críticos, pero que no asumía el compromiso por dejar la vida burguesa y hacer una opción de vida a favor de los más pobres, para servirlos y para enriquecernos todos como iglesia”.

Después vino un “precioso documento” del cardenal Ratzinger sobre la vocación y misión eclesial del teólogo, con una “llamada de atención a todos los que cuestionaban el magisterio” y también advertía que “no se pueden utilizar los medios de comunicación para cuestionar el magisterio ordinario, porque no es a golpes de presión mediática como se ayuda al Santo Padre en su ministerio magisterial”. Una recomendación que, según Guerra, es “una lección también para hoy”.

La conferencia de San Domingo, en 1992 dejó a los obispos “como en un shock, sienten algo muy extraño, que, al principio, no lo saben verbalizar, pero con el tiempo, poco a poco, algunos van a decir:  ‘sentimos que estábamos siendo monitoreados, vigilados, que había desconfianzas”.

Esa etapa se superó en Aparecida, de la mano del entonces arzobispo de Buenos Aires, cardenal Bergoglio, y de un obispo mexicano desconocido, monseñor Aguiar, que comenzó a hablar del concepto de “cambio antropológico de época”.

Y el profesor Guerra concluyó asegurando que “América Latina tiene muchos motivos para seguir entendiéndose como continente de esperanza”, sobre todo, si sigue cimentando la evangelización en “la mariología cristocéntrica de Guadalupe, en la inculturación, en la opción por los pobres, en la sinodalidad y en el papel de la mujer en la evangelización.

“La fe llegó por vía femenina a América y, todavía hoy, el 90% de la fuerza de la Iglesia está en las mujeres”. Y el ponente cerró su intervención en medio de una estruendosa ovación por lo que dijo y por cómo lo dijo. ¡Un gran orador el doctor Guerra López!

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