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FUERA MÁSCARAS EN EL MOVIMIENTO FEMINISTA

ORDENADOR POLITICO 100320

*Fuera máscaras en movimiento feminista
*Que AMLO identifique fuerzas extrañas
*Que asegura actúan contra su gobierno
*Pero también contra feminismo legítimo

Luis Alberto Rodríguez

Si es cierto que como lo aseguró ayer el Presidente de la República, ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, en el movimiento feminista efectivamente existe una vertiente de quienes están en contra de su administración “y lo que quieren es que fracase el gobierno y sobre todo no pueda consumarse la Cuarta Transformación” y que definió “es el conservadurismo disfrazado de feminismo o de lo que resulte”, lo que se le debe exigir es que identifique y haga públicas la naturaleza y origen de esas fuerza del conservadurismo, porque en este caso, no solamente están actuando contra su gobierno, sino específicamente con el feminismo y su legitimidad.

En sus generalidades, es incuestionable la legitimidad del movimiento feminista,  que el pasado domingo, Día Internacional de la Mujer, diversos contingentes efectuaron marchas históricas en el territorio nacional y ayer 9 de marzo muchas también participaron en el paro Un Día Sin Mujeres al que habían convocado, como parte de su protesta contra la violencia de género y feminicida, el llamado “machismo”, el trato discriminatorio, el acoso y la disparidad salarial, entre otras reivindicaciones.

Si bien el Presidente LÓPEZ OBRADOR no expresó su abierto apoyo al movimiento e inclusive emitió comentarios que le valieron el repudio de los grupos feministas, sin embargo reconoció este lunes que “es un movimiento de mujeres que legítimamente luchan por sus derechos y en contra de la violencia, en contra de los feminicidios”, pero agregó que hay otra vertiente de un “conservadurismo disfrazado de feminismo” que allí actúa y que está contra su gobierno.

No dudamos que el Presidente tenga los suficientes elementos para tales aseveraciones por lo que la opinión pública tiene derecho el derecho de exigir su aclaración, precisamente con la identificación clara de tales grupos de conservadores a los que se refiere y las dimensiones reales de su actuar, así como de los recursos que así aplican.

Nadie duda tampoco que ante las dimensiones que ha adquirido el movimiento feminista, algunos grupos de presión e inclusive partidos o expresiones políticas vean en ello oportunidades apetitosas para infiltrar el movimiento e inclusive utilizarlo con fines ocultos o hasta políticamente abiertos a la luz de las próximas elecciones.

Nadie podrá pensar que las aseveraciones del Presidente no cuentan con un respaldo concreto en la realidad y menos cuando el mandatario del país se refiere a fuerzas, políticas o económicas, que se confabulan y actúan contra su gobierno y para obstaculizar las propuestas que enmarca en el término de la Cuarta Transformación.

Menos aún si tales fuerzas actúan, como aseguró, ya como vertientes reconocibles desde el interior de movimientos tan amplios como el del feminismo, aunque eso sí, embozado en sus consignas; como el que llamó conservadurismo disfrazado de feminismo.

Como la voz que representa a la de todos los mexicanos, el presidente no puede referirse a temas tan delicados con las ambigüedades que rodean a términos tan genéricos como el que entraña el llamado “conservadurismo”, al que en repetidas ocasiones se ha referido.

La simple referencia a ello entraña la necesidad de su explícita definición, en términos no meramente ideológicos o de coyuntural discurso político que otros pudieran utilizar, sino en lo concreto del discurso presidencial, de un poder Ejecutivo que representa a todos los mexicanos.

Que el Presidente se abstenga de las ambigüedades en su discurso y de cuenta en el mismo de la identidad de esas fuerzas que, de actuar como dice en contra de su gobierno, asimismo actúan contra los intereses legítimos del pueblo mexicano, algunos de los cuales encuentran expresión en el movimiento feminista.

De otra manera, al introducir ese tipo de supuestos, pero sin probarlos, al interior de movimientos auténticos como el de las mujeres también el Presidente está actuando como una fuerza extraña con miras a deslegitimarlos.

Así como el movimiento feminista se ha desarrollado con sus propias consignas y reclamos, independiente sin que pueda aducirse una clara intención de actuar o desestabilizar a su gobierno, tampoco el Ejecutivo federal puede aducir la actuación de fuerzas extrañas al mismo movimiento, disfrazadas como dijo y con la intención de desvirtuarlo.

No solamente se refirió el Presidente al supuesto de la presencia de las fuerzas de ese “conservadurismo disfrazado de feminismo”, sino aseguró que en las marchas del pasado domingo, habida cuenta de que se garantizaron las libertades de las manifestantes y no hubo represión, “no pudieron los conservadores articularse, siguen sin poder agruparse para formar todo lo que conocemos como reacción”.

Si el Presidente se refiere a los grupos de féminas embozadas que se dedicaron a crear destrozos en calles y edificios públicos e inclusive arrojaron bombas incendiarias a la multitud, sin consecuencias letales por fortuna, sería mejor que de una vez informe a la nación, la procedencia concreta de los grupos que las apoyan y promueven y no queden ante la opinión pública como la simple ambigüedad de “conservadurismo disfrazado”.

Tambien sería pertinente aclarar las imágenes ampliamente difundidas en redes de féminas -aún sin máscaras- que custodiadas por patrullas eran subidas en fila a un camión en una maniobra claramente oficial, no se sabe si de su gobierno o del de la Ciudad de México, paralela a las marchas del domingo. Habría que aclararlo.

Que el Presidente les quite el antifaz. Cabe reclamar.

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