CDMX, 16 de octubre de 2020.- Mucho menos espectaculares en comparación con los fósiles de dinosaurio o megafauna, y pese a su ínfimo tamaño, la importancia del estudio del polen fósil —el cual mide entre 3 y 150 micras— es tal, que permite reconstruir el paleoambiente o ambiente antiguo de diversas regiones del planeta. A la paleopalinología estuvo dedicada una de las conferencias del ciclo “Lo que relatan los fósiles”.

Organizado por el Consejo de Paleontología (ConPal) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en colaboración con el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, esta iniciativa de divulgación académica se desarrolló en el marco del Día Internacional del Fósil, a fin de contribuir a la valoración, cuidado y preservación de estos testimonios del pasado de la vida en la Tierra, para las generaciones presentes y futuras.

Bajo la moderación de la presidenta del ConPal, Felisa Aguilar Arellano, la investigadora de la Estación Regional del Noroeste (ERNO), del Instituto de Geología de la UNAM, Uxue Villanueva Amadoz, conversó vía remota sobre la rica información contenida en los granos de polen fósiles, que oscilan, por lo regular, entre 20 y 50 micras (milésima parte de un milímetro).

En la transmisión por el canal de INAH TV en YouTube, detalló que el estudio del polen fósil apoya a la bioestratigrafía, ya que se sabe que la aparición y desaparición de cada uno de los taxones (grupos en los que se clasifica científicamente a los seres vivos) tiene un rango de edad, y la asociación de palinomorfos (estructuras menores de 500 micras) permite datar las rocas. Los palinomorfos se dividen en marinos y continentales, estos últimos integran los granos de polen, esporas y fungiesporas.

Villanueva Amadoz, quien entre sus líneas de investigación está la palinoestratigrafía y reconstrucciones paleoambientales de los periodos Paleozoico Superior y Mesozoico en el territorio que hoy ocupa México, hizo referencia a uno de sus estudios en la Formación Matzitzi, ubicada entre Puebla y Oaxaca, un depósito de gran interés para entender cómo se produjo el ensamble de la Pangea, un supercontinente que fue fragmentándose durante el Mesozoico.

“La importancia de la unidad en la cual trabajamos, es que se ubica por encima de dos complejos geológicos importantes, el Acatlán, en la zona Mixteca, constituido por rocas metamórficas del Paleozoico, de bajo grado; y por el otro, tenemos el complejo oaxaqueño, compuesto por rocas metamórficas de alto grado. Se considera que esta unidad se formó después de la colisión entre ambos complejos y uno de los productos fue la falla de Caltepec, al noroeste de Oaxaca”.

En la actividad, desarrollada como parte de la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaria de Cultura, abundó que con el objetivo de esclarecer lo ocurrido en la Formación Matzitzi, se llevó a cabo un análisis palinológico. Para intentar fechar la unidad en cuestión se tomaron 91 muestras, de las cuales pocas fueron positivas, sobre todo las provenientes de la sección del río Hondo, donde se tienen datos de macroflora y microflora.

El equipo de investigadores, indicó la especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México, obtuvo fechamientos que corresponden al Carbonífero Superior o Pérmico Inferior (entre 323 y 254 millones de años), por debajo a los reportados por otros colegas —entre ellos, el doctor Mariano Elías Herrera— para la falla de Caltepec, que refieren al Pérmico Medio (hacia 270 millones de años).

“En la sección de río Hondo tenemos dos taxones índice que nos estaban dando hacia el Carbonífero Terminal (de 315 a casi 300 millones de años)”, precisó Uxue Villanueva.

Estos resultados, dijo, demuestran que falta camino por recorrer para determinar con precisión la evolución de los eventos ocurridos en esa zona, en el mundo prehistórico. La paleopalinología, como otros campos dedicados al pasado remoto, señala, parte realmente de lo que se observa actualmente en el planeta, y es así como “intentamos hacer inferencias con relación a nuestros hallazgos, y vemos que muchas veces no corresponden”.

“Por ejemplo, el ambiente ecológico de una planta puede variar a lo largo del tiempo, caso de las isöetales, que hoy son pequeñas y están asociadas a ambientes húmedos, y en la antigüedad eran de un tamaño comparable al de un árbol, de modo que fueron disminuyendo conforme aparecieron otros competidores. Lo que sí podemos deducir son patrones o ciclos de cambios en los ecosistemas”.

Debido a la intensa actividad geológica que conformó el actual relieve mexicano, sobre todo eventos volcánicos, es difícil encontrar sitios ideales para recuperar polen fósil, pues los fluidos ácidos destruyen o deterioran en gran medida la materia orgánica. Ese tipo de condicionantes, concluyó, son a las que se enfrenta la paleopalinología en nuestro país.