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¿HACIA UNA NUEVA MORBILIDAD?

ORDENADOR POLÍTICO 140520

*¿HACIA UNA NUEVA MORBILIDAD?

*EL APRESURADO PLAN DE RETORNO
*EN PLENO PICO DE LA PANDEMIA
*¿EN ACATO A EXIGENCIA DE TRUMP?

LUIS ALBERTO RODRÍGUEZ

No se sabe aún si el Plan presentado ayer por el gobierno federal presidido por ANDRES MANUEL LÓPEZ ALCOCER para supuestamente retornar nuestro país a lo que denomina “nueva normalidad” finalmente significará entrar a una “nueva morbilidad”, como pareció trastabillar en su decir el secretario de salud JORGE ALCOCER, en la presentación mañanera del mismo.

El apresuramiento manifiesto en la presentación del Plan, más que pensado en función de proteger mayormente a los mexicanos de la pandemia del CORONAVIRUS, pareció producto de la urgencia que el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, DONALD TRUMP trata de imponer en su país para retornar a las actividades económicas, a pesar de las advertencias del principal epidemiólogo de ese país, ANTHONY FAUCI de con esa apertura posiblemente acrecentar el “riesgo real de provocar” nuevos brotes de coronavirus y “muertes evitables”.

También es claro que la presentación del Plan obedece a las presiones de múltiples empresas estadunidenses que se aprestan a retornar a las actividades pero que en gran medida dependen de las cadenas de suministro de partes y materiales provenientes de empresas mexicanas o asentadas en nuestro territorio, como lo es también la industria militar de aquel país que se sabe presiona a México para una pronta reapertura.

Ya el hecho de haber incorporado, también apresuradamente, a la industria automotriz, -junto con la de la construcción y la minería-, a la lista de actividades “esenciales” que en México pueden operar libremente, habla de una rápida respuesta del gobierno mexicano a las exigencias estadunidenses.

Difícil entender que tal Plan se de a conocer precisamente cuando en México se transita por el llamado pico de mayor incidencia de los casos de infección por coronavirus y se anuncie que la primera etapa de la apertura se dará ya muy pronto, el próximo 18 de mayo en 269 municipios llamados “de la esperanza”, por no haberse registrados casos, que retornarán a las actividades económicas y sociales, e inclusive a las escolares, cuando el país tiene como vecino del norte a Estados Unidos, considerado el epicentro mundial de la pandemia.

El plan sugerido -que no obligatorio, como aclaró el presidente- no aporta sin embargo ninguna seguridad de que con su aplicación no prevalezcan riesgos de un posible rebrote de los niveles de infección por esa enfermedad, a pesar de que por el momento las autoridades de salud aseguran haber “aplanado la curva” de contagios o, como dijo el mismo mandatario, haber “domado” al virus.

De ahí el peligro latente de con la reapertura de actividades -aunque sólo fuera en esos municipios “de la esperanza”- se propicie un rebrote de las infecciones, a pesar de que el retorno fuera “ordenado, gradual y cauto”, como propuso en la presentación del Plan la secretaria de economía, GRACIELA MÁRQUEZ COLÍN.

Nada asegura que tal rebrote no se presente, a pesar del esquema propuesto para la tercera y última etapa del Plan, a partir del 1 de junio -cuando termina la Jornada Nacional de Sana Distancia-, de un “semáforo” por regiones en el que los colores rojo, naranja, amarillo y verde, que indicarán el protocolo de cuidado que se debe de tener en esas zonas daría la pauta para continuar o suspender las actividades.

Como explicó la secretaria de economía, el verde se refiere a mantener un protocolo de cuidado «cotidiano»; el amarillo, «intermedio; naranja, «alto», y el rojo será de «máximo de alerta sanitaria».

Asimismo, el semáforo tiene cinco categorías: primera, salud pública y trabajo; segunda, actividades laborales; tercera, actividades del espacio público tanto abierto como cerrado; cuarta, actividades de las personas vulnerables, y quinta, actividades educativas.

Cuando el semáforo esté en rojo, solamente se permitirán las actividades laborales esenciales; en el naranja pueden estar trabajando las esenciales y las no esenciales, pero las no esenciales a un nivel reducido; en el amarillo se amplían las actividades permitidas, aunque se mantienen las medidas de salud pública y del trabajo. En el aspecto laboral, podrán operar todas las actividades consideradas esenciales y no esenciales sin restricción “aunque habrá restricciones menores para el espacio abierto y mayores para el caso del espacio público cerrado», refirió la secretaria de Economía.

Como se ve, el Plan no propone un esquema de participación masiva generalizada en las medidas de contención de las infecciones sino de diversificación “gradual” que dada la movilización de la población que inevitablemente propiciará, hará difícil contener los rebrotes, aunque se establecieran fuertes cercos sanitarios.

Qué bueno que el “Plan” no es obligatorio y permite el “disenso” de las entidades federativas y los municipios de acuerdo a las condiciones que frente a la pandemia se les presenten, pero en sí mismo no promueve la unidad de los mexicanos frente a la adversidad sanitaria y económica que padecemos, sino todo lo contrario.

Fue significativo que la segunda etapa del Plan, que aplicará del 18 al 31 de mayo, se dedique a la preparación para la reapertura en los sectores de la construcción, minería y de fabricación de equipo de transporte -como llama a la industria automotriz-, para que las empresas de esos sectores deban de hacer protocolos sanitarios y preparar a sus trabajadores, lo que evidencia más claramente que fue diseñado, más que para contener la pandemia, para favorecer a las empresas y al gobierno “del otro lado” de la frontera y así, más que a una “nueva normalidad” nos lleve a una “nueva morbilidad”. Qué pena.

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